Me subí a la micro con cara de espanto. Miré a mi alrededor con desconfianza, pero buscando una cara amable para sentarme al lado. Finalmente me senté en el primer asiento, sola, mirando hacia la ventana. Afuera, industrias. De cobre, de lácteos. Mi corazón se relajó, y yo también con él.
Yo vivía al lado de la carretera Panamericana. Mis padres se instalaron ahí con la promesa de la conectividad y fluidez de la vía, cosa que nunca fue así. Estábamos lejos de todo, y aislados en la periferia de la ciudad. El transporte al centro era caro y malo. Después construyeron la "Autopista Central", concesionada quién sabe a cuantos años, y todo se fue al carajo.
Minutos antes estuve sola, en la panamericana, esperando desesperadamente que pasara una micro, cualquiera, tomaría la primera que pasara. No había nada a mi alrededor más que loteos y terrenos baldíos y algunas industrias. El paradero donde esperaba la micro era conocido por ser parada de putas y travestis. Sentado en la banca del paradero había un viejo, moreno por el sol y con aspecto triste. Me miró, y luego volvió la vista hacia sus pensamientos. Los autos que pasaban me encendían las luces, los camiones me tocaban la bocina. Me sudaban las manos. Maldecía a la puta micro que no pasaba nunca. El sol comenzaba a caldear el ambiente, y yo solo pensaba en la seguridad de mi cama con cobertor de colores, en mis peluches, en la sonrisa y el olor de mi mamá, en el árbol que estaba fuera de mi casa, donde estaban talladas las iniciales LMZ. "¿Cómo me pude equivocar así?", pensaba con rabia.
Había ido a probarme a un colegio nuevo. Yo no quería cambiarme, pero a mi madre le habían llegado muy buenas referencias de un liceo, y quiso que diera las pruebas de admisión. Después nos dimos cuenta que el liceo en cuestión tenía bastante mala fama, pero en ese momento no lo sabíamos. Yo no conocía el sector, 10 de Julio. Me perdí para llegar. Cuando salí de dar la prueba, caminé feliz hasta Arturo Prat, para tomar la Expresso hacia la periferia. Esas micros eran de color verde, el color de la esperanza y la rapidez. Lo que yo no sabía era que tenían diferentes números según el tipo de recorrido, y como yo sólo conocía la que pasaba por panamericana, tomé la primera que pasó. La micro iba vacía, eran las 11 de la mañana. Solo iba un señor sentado en la mitad de las corridas de asientos, hacia el oriente, y para no andar tan sola, me senté cerca de él, pero hacia el poniente. Mirando por la ventana, pensé en poner el asiento hacia atrás, ya que el viaje era largo. Sin mirar, siento movimiento en el sector donde estaba el señor. Miré de reojo y el hombre tenía todo su miembro afuera, rosáceo y flácido, y lo masajeaba de arriba hacia abajo. Tenía los ojos cerrados. El corazón me dio un vuelco, miré tensamente hacia la ventana y pensaba "¿Qué hago?". Yo creí que el viejo me iba a violar ahí mismo. Tenía 13 años. El miedo me paralizó, y no hice nada. Me quedé sentada, no volví más la vista hacia el señor. Pero incluso sin mirar, me daba cuenta que el viejo seguía masturbándose con las piernas abiertas. Los minutos parecían horas, hasta que de pronto la micro salió de la panamericana para tomar otra calle, ahí mi desesperación fue total. Me puse de pie, el viejo se asustó y se tapó las partes, caminé con rabia por el pasillo, pisando con fuerza marcando cada paso, me acerqué al chofer y con furia le pregunté:
-¡¿Por qué se salió de la panamericana?!
-Porque esta micro se va por Gran Avenida - me responde.
Me abrió la puerta y me dejó en el sector de los travestis, un lugar inhóspito lleno de peladeros y perros botados, desnutridos y hambrientos, de basura y pastizal seco, de periferia olvidada. Atravesé un llano abandonado y caminé hacia el paradero. "¿Cómo me pude equivocar así?" pensaba con rabia. No podía cerrar los ojos, se me repetía la escena en la mente una y otra vez. Los autos pasaban velozmente sobre el pavimento caliente, que emanaba vapores desde el asfalto, espejismos de verano.
Creo que fue ahí donde dejé la niñez, en la carretera.
1 comentarios:
que guena historia. cuando era pendejito tomaba la expreso para ir a Sanbeca, y pa mi era toda una aventura por eso de que se iba por panamericana. los travestis por lo general estaban en la Gran Avenida en el paradero 25, que despues de las 11 era un show con sexo en vivo y habia que andar con el poto pa la pared jaja.
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