Se encontraron en el Paseo Ahumada. El vestía camisa y corbata, llevaba un libro en la mano. Ella pensó que quería darse un aire de importancia, si siempre fue malo para leer. Se saludaron con nerviosismo, tratando de hacer lo más corto posible el momento de contacto físico. Caminaron por todo el centro, con ese tiempo sin apuro ni obligaciones de los 17. Miraron vitrinas, aprobaron los mismos discos. El se agachó a recoger un papelito del suelo, lo leyó y guardó en su bolsillo. Ella se moría por saber su contenido. Llegaron hasta un parque, acordaron sentarse en una banca. Ella apoyó su cabeza sobre las piernas de él. Se miraron. Todo había cambiado. Algo se había perdido en el camino. Probablemente fue la inocencia.
-¿Querís un cigarro?- preguntó ella.
-No, lo dejé.
Se sintió estúpida. Estúpida, ridícula, infinitamente pequeña y miserable. Lo estaba perdiendo todo. Prendió un cigarro, lo aspiró con rabia.
-¡Si querís fumarte un cigarro fúmatelo!, ¿Por qué hacís todo lo que la Vale te dice que hagai?. Parecís perrito faldero, que rabia.
El le clavó la vista con ardor. Quiso desnudarla ahí mismo, gritarle que se fuera a la mierda, enterrarle los dedos en sus piernas firmes, sacarle todo, afuera.
En ese momento ambos supieron que dejarían de verse de esa manera. Se deseaban demasiado como para continuar, el juego se había transformado en algo serio, en cosa de adultos, y ninguno de los dos estaba dispuesto a madurar.
Caminaron en silencio hasta el paradero. Hace rato que no hablaban. Ella da la vuelta para despedirse, se pone unos lentes plásticos de sol, su pelo oscuro se mueve con la brisa de las micros. El quiso recordarla así para siempre: hermosa, pragmática, rabiosa.
-Toma, el libro es para ti.
-Ah, gracias- dijo con desdén.
Arriba en la micro, ya lejos del paradero, toma el libro. Está forrado en papel café. Le quita el envoltorio. "El gigante egoísta y otros cuentos" de Oscar Wilde. Decepcionada lo deja. Tremendo regalo un libro que todo Chile tiene en su biblioteca, huevón, piensa. Pero buscando alguna señal, lo hojea con detención. En la página 21 encuentra una foto. Aparecía ella misma, con su hermana Vale y su sobrina de 3 meses. Al reverso de la foto decía: "Algún día".
Rompió en un llanto sistemático y corto. Luego del desahogo, vino la calma. Estoy muy chica para esta mierda, pensó. Se puso los audífonos, retrocedió el cassette con el lápiz hasta donde tenía una marca, lo puso en el personal y comenzó a cantar para si: "Wake up young man, it's time to wake up, your love affair has got to go..."
Que bueno que era Mad Season.
3 comentarios:
Excelente. Mándalo al toque a un concurso.
no se si me perdi algo pero no cache
wuooh!, gran historia y wake up es mi favorita de mad season
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